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Escribo en un blog porque no me cuesta trabajo, mis post son en mayoría pensamientos al azar o estupideces efímeras; de un tiempo acá tengo la manía de llevar conmigo siempre una libretita en donde apunto todo lo que se me ocurre, y de entre esos escritos subo el que me pegue la gana. Supongo que el día en que deje de tener esos momentitos medio mensos voy a dejar de escribir, pero una cosa si es seguro, nunca borraré Paletolandia.
Uno de los tres objetivos personales por los que tengo una bitácora es tener la oportunidad de mirar hacia atrás y reírte de todas las pendejadas que escribiste. Quiero que cuando me case o tenga un hijo, si eh dejado de actualizar, pueda tener a la mano el pensamiento de cuando tenía 18 años, y pueda notar el crecimiento de mi persona, recordar momentos importantes en mi vida y cosas por el estilo. Es por eso que estoy en contra de que los blogger borren toda evidencia de que alguna vez tuvieron una esquinita en la red; para mi es preferible que lo abandonen a que lo cierren. Me caen bien gordos los que tienen como mil blogs y ninguno es funcional.
Escribo en un blog porque es una forma de diálogo con posibilidades de alcance ilimitadas. El diálogo permanece aunque el lector no se haga presente, pues surge en él, a partir del material leído, una respuesta al texto la cual decide exteriorizar o quedarse con ella. El diálogo es una manera del deshacerte del yo para entrar al tú, pasando por el él y después arribar al nosotros, formando una comunidad. Me gusta que siempre terminen comentando de lo que tú, como autor de la entrada, jamás te imaginaste, y a pesar de eso el comentario sigue teniendo relación con el post y terminas conociendo algunos datos del receptor a pesar. Ejemplo: Creo que comentarán a cerca de porqué escriben o leen blogs pero igual me salen con otra cosa.
Me gusta por que es por demás desenfadado; puedes tratar cualquier tema por más estúpido e inverosímil que parezca.
Leo blogs porque me agrada conocer gente sin la necesidad de relacionarme. Siento un extraño placercillo al leer los archivos de alguien más sin que sospechen que estoy marujeando; ver sin que me vean. Soy bien metiche, pero no chismosa. Comento poco y en algunos lares nunca lo hago.
Soy seguidora de algunos sitios y fanática de otros. Me e aventado enteritos varios pares de blogs, que, aunque admito, no es nada útil termina germinando una semillita…me siento también vinculada de una manera muy tenue con sus vidas, hasta me afirmo testigo parcial de sus aventuritas y amiga de sus mejores amigos: Pedro, el chaparrito pingón; Yovani, ahora en fuerzas armadas estadounidenses; Mateo, hijo primogénito de cierto personaje… Dudo mucho que este mugriento blog nombre yo a una persona con la que usted, amable lector, se pueda encariñar.
Me divierto mucho leyendo las bitácoras de la nueva camada de bloggers que se enlazaron aquí en dudosas condiciones y que no se por cual mal motivo se quedaron. Su gusto por las chicas, la tecnología, y esas cosas que les gustan, hacen que le dé un giro diferente a todo lo que estoy acostumbrada a leer, pero eso si, nunca voy a entender porqué Megan Fox o Scarlettita.
Hago toda esta reflexión porque ya no tengo internet y es como si me cortaran el dedo gordo del pie, que aunque parece inútil.y hasta feo, es fundamental para el equilibrio. Pasa que estoy en una de las crestas de una crisis que promete ser inolvidable para mí y mi familia. Cada que pasa algo así dejo de escribir, pero esta vez no lo haré, porque Paletolandia es el único lugar blanco, tanto en sentido literal y metafórico, que tengo y porque leer y escribir son dos actividades que quiero seguir practicando el resto de mis días. Ah, y porque en la Facultad hay Internet gratis, pésimo y con muchas restricciones, pero gratis al cabo.
Como ya me extendí mucho y yo quería hacer un post chiquito, cierro con una propuesta que hice en un comentario de no se cual post anterior que no sé si vieron ya: Si alguno de ustedes viene un día a Monterrey me comprometo a ir a tomarnos unas cheves bien elodias (o su equivalencia; si no toman les daré de pambasos en la cabeza mientras los paseo por el Santa Lucía) y si voy a alguna de sus bonitas ciudades esperaré algo por el estilo de su parte. Claro, eso si les parece. El que se chingó es Rolando, porque como él está viviendo aquí me voy a autoinvitar a tomar con él (y él pagará).